OTROS

COYAMI / SERVICIO DE CORRESPONDENCIAS
Coya, 18 de septiembre 2004


Durante el año 2004 me propuse realizar una serie de viajes a partir de la elaboración de cajas. Cada una de estas cajas implicaría la invitación a una persona para que interviniera su espacio interior, vinculando la ocupación de la caja con un destino de viaje. Los viajes serían realizados y registrados por un Servicio de Correspondencias, el cual posteriormente se encargaría de la edición de un cuaderno de viaje.

A partir de la pregunta: ¿Cómo ocuparías el interior de una caja y a qué lugar la enviarías? realicé ocho invitaciones. De esta serie de viajes planificados originalmente únicamente he llegado a concretar uno, el que fue dado gracias a la motivación de Javiera Ovalle (de quien adjunto un escrito), quien intervino una de las cajas, entregándome un mapa del pueblo de Coya, con un itinerario que debía realizar con la caja, para finalmente abandonarla en una cueva al costado de un río.


NOTAS DEL MENSAJERO

La pregunta: ¿Cómo ocuparías el interior de una caja y a qué lugar la enviarías?, plantea en primer lugar el problema de una disposición interior, de ocupar un espacio reducido y cerrado, para luego incorporar a ese cálculo de lo interior un sentido de la exterioridad, la dimensión de un trayecto en el espacio que le sería originalmente propio, en función de un lugar específico más allá de los limites de una forma contenedora. Asimismo el surgimiento de la extensión actúa como una ampliación del sentido del espacio interior. Pensar el interior, por reducido que este sea, es asimismo plantear una lejanía correspondida, sea esta el desierto o las manos de una persona.

Además de ciertos desplazamientos inmóviles, por ejemplo al cerrar cajas para no abrirlas durante años, las cajas portan el sentido de su función de traslado, mudanza y correo. En ambos casos debemos considerar a la caja como mero recipiente tanto como construcción consciente de un espacio interior.

La caja funciona como una lectura del espacio recorrido, y sus elementos funcionan coludidos por un arte de viaje inmóvil. El ejercicio de guardar cosas, de introducir objetos en una caja, de habitar ese interior con diversos elementos que se vinculan entre si, podría implicar la articulación de un relato, comportando esta noción de viaje.

En el caso de la mudanza, las cajas parecieran tener el mero valor útil de trasladar unos cuantos objetos de un espacio a otro. Sin embargo en ellas se recoge una habitación, en ellas viajan los objetos con que habitamos para luego volver a desplegarse en otro espacio.

Hay una disposición de los objetos que ocupamos para habitar un lugar acechada por la facultad de ser clasificados, apilados, embalados y acarreados en ellas. En las mudanzas nos enviamos cosas a nosotros mismos, y en su ejercicio catalogamos nuestras pertenencias, encontramos objetos perdidos que despiertan recuerdos perdidos, decidimos la continuación de unas y la perdida de otras de las cosas que acumulamos y que en cierta medida nos contienen.
(Una vez muertos introducimos los cuerpos en una caja).

A diferencia de la mudanza, en el caso del correo la caja adquiere la implicación de otro, un destinatario para el cual el contenido de la caja va dirigida, para lo cual existe un tercer elemento que es el del mensajero, dispuesto siempre a partir en cualquier dirección.

El Servicio de Correspondencias plantea un principio de trabajo colectivo, ofreciendo este servicio alternativo a Correos de Chile, de manera gratuita, como voluntad de un encuentro y práctica de una acción artística conjunta. Invitación a llevar a cabo un ejercicio de viaje, con una libertad de empleo que permita la realización de diversas estrategias de encargo. La invitación formulada es al otro como autor, asimismo la consideración del mensajero como artista (viajar como actitud artística), cuya disposición es la de partir en cualquier momento, hacia cualquier lugar.


Hospital de Coya



Encargo:
¿Cómo ocuparías el interior de una caja y a qué lugar lo enviarías?
Respuesta de Javiera Ovalle:
La caja roja fue habitada por abejas muertas alojadas en algodones, fotocopias a fotos del primer día de mi vida, en el hospital de Coya, y una serie de fotos de mi niñez en Coya; además hice una foto carnet afuera del registro civil de Rancagua, pero en vez de nombre escrito abajo de mi cara, dispuse la serie de fotos de mi niñez.

Los nidos de algodón fueron suspendidos dentro de la caja, y las fotocopias formaban un círculo que bordeaba la serie de nidos. Dos fotos carnet eran el centro del círculo. Este envío fue a Coya, específicamente a una cueva a las orillas de un río.

Un viaje al origen de todo, la caja roja fue para mí la posibilidad de regresar sin cuerpo al nacimiento de mi historia y hacer un acto capaz de rodear un capítulo que da pie a muchos biografemas, siendo este un autobiografema.

Ante el ofrecimiento del envío en la caja, no pude dejar de pensar en Coya, y ningún destinatario, era como si a través de un mensajero yo me enviara a mi misma, pero la niña, un adelanto, un mensaje futuro-pasado que ya estaba escrito en las cuevas de Coya.

COYAMI se llamó la foto carnet que hice por una urgencia de volver al lugar donde nací, además es un lugar que está borrándose, la primera casa donde viví desapareció junto a muchas otras de la misma población; ya que es un campamento minero de donde mucha gente emigró. Entonces en esta urgencia de no borrar mis recuerdos de infancia surgió lo de "coya a mí", que es lo que me pasa con Coya. Y la caja roja pudo sintetizar la experiencia de haber nacido en un contexto como de la cordillera de los Andes y el campamento minero.