CARTOGRAFIA

URBANOFAGIA / CARTOGRAFIA DE LA FISURAhttp://www.urbanofagia.tk/
Colectivo integrado junto a Ramón Aldunate y Andrés Costa, 2005.














Manifiesto de la fisura

El metabolismo de una ciudad es denso y acelerado. Produce más de lo necesario, es decir, factura una continua y móvil cadena de obsolescencia espacial. En este sentido, las fisuras son a la ciudad lo que la mierda a lo humano: un desecho, un mojón espacial que se va amontonando ahí donde la especulación del suelo hace surtir sus efectos. Para Matta-Clark, las fisuras respondían sin más al proceso inercial implícito en la arquitectura contemporánea: la inevitable entropía de todo proceso constructivo, de ahí el fracaso radical de toda arquitectura, y la necesidad de desandar –por no decir reconstruir- dicho proceso, a través de la anarquitectura. En este sentido la anarquitectura es ejemplar: documenta e interviene la proliferación de estos espacios en la trama de la ciudad, las identifica, según nuestra coda, como fisuras que agrietan la trama homogénea y funcional de la ciudad contemporánea.

Si todo proceso metabólico o entrópico es inevitable –la segunda ley de la termodinámica sigue siendo invariable- tanto para la dimensión física –geológica si se quiere- como para la dimensión cultural –es decir, histórica-, este responde, sin embargo, a la historia de las largas duraciones, a la decadencia natural de todo lo viviente. En este sentido, la deflación de toda obra o construcción respondía a una temporalidad “natural”, que se corresponde tanto al ciclo de la naturaleza como a un ciclo cultural en particular. Claramente las fisuras son la trizadura de ese ciclo. No se corresponde a lo que largamente el hombre vino a entender por ruina histórica, en tanto el testimonio silencioso de un pasado enigmático y misterioso. Conscientes o inconscientes, artificiales o naturales, abiertas o cerradas, intencionales o accidentales, desmedidas o mesuradas, enormes o pequeñas, usuales o inusuales, las fisuras son la huella de una violencia material que tiene su motor en la especulación del suelo. Dicho fenómeno no es más que la intromisión del capital financiero –ya no industrial- que presenta una acelerada destrucción de diversos espacios de la ciudad. Por un lado el capital financiero desplaza el sistema productivo y sus modelos urbanos hacia otras zonas, provocando catástrofes de diversa índole según los grados de dependencia que tenia el centro urbano en particular con la modalidad de producción industrial. A mayor dependencia del sistema de producción industrial por parte de una ciudad, uno podría esperar un mayor descalabro urbano, provocando la descomposición y el abandono a barrios enteros o sectores antaño emblemáticos de una ciudad.


Las fisuras están ahí; presentes como basurales, eriazos, edificios abandonados, baldíos, espacios anómalos, vacíos, ruinas. Como se ve pertenecen a diferentes órdenes y causalidades. Sin embargo, son uno podría decir en general espacios tachados y reprimidos del tejido urbano. Sin embargo, las fisuras se oponen a los no-lugares, puesto que estos últimos, no contienen ninguna huella antropológica que los pueda simbolizar. Los no-lugares también proliferan por la ciudad, pero dentro de una organización espacial que Foucault denomino de “emplazamientos”, y que se define por su “relación de vecindad entre puntos y elementos”, es decir, como una retícula distributiva de diferentes series de “elementos”. La espacialidad contemporánea es, en este sentido, cibernética: entiende al espacio como un sistema comunicativo de flujos discretos, que de alguna manera hay que codificar y organizar, para ser efectivos en el sistema productivo. Para una ciudad, que se entiende a si misma como emplazamiento, las fisuras no tienen “lectura” posible, no podrían aparecer en su “mapa”. De ahí que sean espacios en blanco o espacios vacíos y reprimidos.








No obstante, para una mirada dialéctica –critica- las fisuras son el negativo de una ciudad. Constituyen una categoría de “crisis”, que a su vez, indican las vías de una “realización” o “superación” de dicha negatividad. Si las fisuras son lo reprimido, lo inconsciente de una ciudad, desde ahí se puede extraer ese imaginario de contrafiguras que puedan producir modos de hacer alternativos a los dominantes.


























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